:
-
“Lo pensaba. Mientras me violaban, lo pensaba. Que yo era todas las violadas del planeta. Que después de tanta mentira, al fin una verdad.
Al más chiquillo de todos le cogieron entre cuatro, le dejaron la boca abierta para que se hinchara a gritar, le bajaron los pantalones, y después le violaron hasta dejarle mudo. Y pensé: pobre.
Al día siguiente, ese mismo chiquillo me volvió a violar. Y a mí me entraron ganas de violar a alguien. Me imaginaba a mí misma, cuando era pequeña, encontrándome a la muerte; la ataba a un árbol, la desnudaba, y le hacía todo lo que yo de niña pensaba que era follar. Es decir, no le hacía prácticamente nada. Y sin embargo la humillaba, y ella juraba venganza, pero con una voz neutra, como si jugase.
Después yo volvía a mi cuerpo y me sentía sucia, pero no por lo que me estaban haciendo en ese momento, sino por mis imaginaciones, por mi mente astronauta, por mis asquerosos pensamientos.
Pero no los llegué a odiar. Estaba tan derrotada que no podía. Me bañaron, me dieron bien de comer. Me dijeron: deberíamos matarte, pero no vamos a hacerlo. Me soltaron. Sin ninguna explicación. Igual que me cogieron, me soltaron.
En el hospital todas las paredes eran verdes, pero yo las veía blancas. Todo blanco.
Como si después del infierno, hubiese llegado al cielo, y no supiera qué es peor.
Nunca me sentí tan sucia como en ese maldito cielo.”
-
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada